martes, 21 de abril de 2015

Superman y la alergia: Una metáfora hermosa y útil

Superman es un personaje de ficción, un superhéroe de cómic creado en torno a 1933 por el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster. Apareció por vez primera en el ejemplar número 1 de la revista Action Comics (1938),  pasando posteriormente a otros medios (televisión, radio, cine, …) y convirtiéndose, con el tiempo, en un icono cultural norteamericano. Es, probablemente, el personaje de cómic más conocido internacionalmente.

Action_Comics_1

En su concepción original, Superman era un extraterrestre (con un aspecto, eso sí, idéntico al de cualquier ser humano) procedente de un planeta sometido a una fuerza de gravedad muchísimo mayor que la nuestra. Su organismo, adaptado a esa gravedad enorme, al verse liberado de ella en este planeta nuestro, resultaba capaz de saltar hasta alturas inverosímiles y de moverse con velocidad y fuerza extraordinarias. Pronto los saltos fueron sustituidos por la capacidad de volar y, poco a poco, sus guionistas fueron introduciendo nuevos poderes: invulnerabilidad, visión de Rayos X que le permitía ver a través de objetos sólidos, emisión de rayos caloríficos (una especie de rayos láser) por los ojos, …

Con tales poderes, Superman resultaba prácticamente invulnerable, y esa invulnerabilidad restaba emoción a sus aventuras. ¿Cómo podía el lector preocuparse por la suerte del protagonista, si éste nunca podía ser vencido? ¿Qué antagonistas podrían ser lo suficientemente poderosos como para poner de verdad en apuros a Superman? “La inmunidad me carcome los huesos”, cantaba Silvio Rodríguez, y los autores y editores de Superman estaban, efectivamente, comprobando que precisamente esa inmunidad, el hecho de ser invulnerable, restaba a su personaje atractivo para sus lectores. Se hacía necesario buscar alguna solución: proporcionarle alguna debilidad, un talón de Aquiles que sus enemigos pudieran utilizar para ponerle, a pesar de sus extraordinarios poderes, en situaciones realmente peligrosas.

La solución vino en forma de piedra: la Kryptonita, un trozo de roca procedente de su planeta natal, cuya sola proximidad hacía que Superman se pusiera realmente enfermo.


Michael Pistiner, alergólogo pediátrico norteamericano, ha elaborado una metáfora interesante a partir de esa debilidad que la kryptonita produce en Superman: realmente, eso no sería algo muy diferente de la enfermedad que el contacto con el alérgeno puede producir en una persona alérgica. Podríamos interpretar que Superman es alérgico a la kryptonita, y así podemos contárselo a los niños que, a su vez, sufren algún tipo de alergia. Ya hemos referido en entradas anteriores las dificultades que pueden experimentar los niños alérgicos (y muy especialmente los alérgicos a alimentos, o incluso, en algunos casos, los intolerantes alimentarios) para integrarse en su grupo de iguales, especialmente si los demás niños identifican su alergia o intolerancia como una manifestación de debilidad y con base en ello le rechazan o le acosan. Un niño atormentado por esa situación, o simplemente experimentando dificultades en sus relaciones con los demás niños puede aprender, gracias a esa metáfora, que no es malo ser vulnerable (todos lo somos, ¡Superman también lo es!), sino que lo importante es conocer nuestras debilidades y adoptar las medidas necesarias para que no nos hagan daño, o nos hagan el mínimo daño posible.

Superman, entonces (¡nada menos!), como modelo: ¡no es mal modelo con el que identificarse! Nada que ocultar, pues, nada de lo que avergonzarse: Superman enferma con la proximidad de la kryptonita (y no digamos, ya, con su contacto), pero, puesto que lo sabe, adopta activamente las medidas necesarias para evitarla. De igual manera, el niño alérgico debe conocer bien lo que le hace daño, saber dónde se puede encontrar presente y cómo debe actuar para evitarlo.

Y todo ello, con la autoestima bien alta, pues sobreponerse a las propias debilidades no es un demérito, sino, como muestran las historias de Superman, un acto de heroísmo.

Enhorabuena, Dr. Pistiner, por la idea, tan hermosa en su simplicidad, y tan valiosa.




NOTA: El contenido de esta entrada fue divulgado originalmente desde el portal Alergia y Asma, y ha sido adaptado a este blog por su propio autor. . 



sábado, 31 de enero de 2015

Sobre los efectos de las radiaciones ionizantes en la materia viva (a propósito de "Desgranando ciencia").

En la década de los años 60 del siglo pasado, en el marco de las tensiones geopolíticas existentes entonces entre la Unión Soviética y Estados Unidos y sus manifestaciones de diverso tipo (a las que todavía hoy nos referimos con la expresión Guerra Fría), una de las grandes preocupaciones de la población mundial era la energía nuclear y sus posibles consecuencias sobre el ser humano en caso de que estallara un enfrentamiento bélico en el que ambas potencias hicieran uso de sus armas nucleares (el miedo a una devastación absoluta se refleja perfectamente en la siguiente frase atribuida a Albert Einstein: "No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé que la cuarta será con palos y piedras").

Cuando, por ejemplo, Stan Lee (creador, junto con diversos dibujantes, de algunos de los más famosos personajes de cómic de la editorial Marvel Comics Group) fantaseó sobre las circunstancias que podrían proporcionar poderes extraordinarios a personas normales, dio un protagonismo especial a las radiaciones ionizantes: Spiderman, Los 4 Fantásticos y Hulk, por citar algunos ejemplos, son casos de superhéroes que obtienen sus poderes como consecuencia de la exposición de la materia viva a diversas fuentes de radiación.



El pasado mes de diciembre se celebró en Granada la segunda edición de Desgranando Ciencia, un evento de divulgación científica que (con el lema "Hagamos de la ciencia una fiesta") incluye charlas breves, talleres, espectáculos, documentales y visitas a laboratorios, con el objetivo de acercar la ciencia a la población general. En ese contexto, la física Laura Morrón presentó una conferencia que, con el título "No somos Bruce Banner" (Bruce Banner es el nombre del sujeto que en la ficción de los cómics de Marvel Comics Group se convirtió en Hulk por efecto de una exposición masiva a radiaciones gamma) aborda los efectos de las radiaciones ionizantes sobre la materia viva.

Dicha conferencia está disponible en Youtube, y, por su rigor y amenidad, la recomendamos encarecidamente. Si quieres acceder a ella, pulsa sobre la imagen del personaje aludido:


http://youtu.be/xwJvicOr6-4


  

  

domingo, 2 de noviembre de 2014

El cómic, poderosa herramienta en ética y comunicación: Seminario en Zaragoza

El próximo día 12 de noviembre, el Colegio Oficial de Médicos de Zaragoza y la Cátedra de Profesionalismo y Ética Clínica de la Universidad de Zaragoza organizan un Seminario sobre el potencial del cómic como medio educativo y de comunicación en el ámbito sanitario.

Su nombre es: "El Cómic, nueva y poderosa herramienta en ética y comunicación". Hemos omitido, precisamente, el adjetivo "nuevo" en el título de esta entrada porque, estando absolutamente de acuerdo en la afirmación de que se trata de una herramienta poderosísima para la transmisión de conocimientos y para afianzar actitudes (de hecho, como nuestros lectores saben, esa convicción constituye la misma base de este blog), no nos identificamos de todo con la idea de que sea un recurso nuevo. El cómic (y el humor gráfico, con el que tantos elementos tiene en común), ha tenido siempre ese enorme potencial: quizás lo que sea nuevo es la progresiva conciencia que las instituciones están tomando de su tremenda importancia como elemento de educación en general y de educación para la salud en particular.

En el acto intervendrán Mónica Lalanda, médico de urgencias e ilustradora, Ian Williams, médico de familia y autor de cómics, y Blanca Mayor, experta en terminología y comunicación en salud.

El acto comenzará a las 18:00 h del 12 de noviembre, en el Salón Ramón y Cajal del mencionado Colegio de Médicos de Zaragoza, ubicado en Paseo Ruiseñores nº 2.

Enhorabuena por la iniciativa. Ojalá pudiéramos estar allí.