sábado, 16 de abril de 2022

La primera patografía gráfica de la historia.

 Con la expresión "Patografía Gráfica" nos referimos a un cómic (novela gráfica, tebeo, historieta en cualquiera de sus formatos) que tiene como tema principal la enfermedad narrada por alguno de sus protagonistas. 

Michael J. Green y Kimberly R. Myers introdujeron el concepto en un artículo publicado en la revista British Medical Journal en el año 2010, y lo definieron como "illness narrative in graphic form", es decir, narrativas de enfermedad en forma gráfica. Se trata, entonces, de un testimonio de la enfermedad y de su sufrimiento asociado, contado en forma de cómic: enfermedad que no necesariamente ha de ser padecida por el propio autor, pues este puede narrar su vivencia de la enfermedad de otra persona, como es el caso paradigmático de la excelente novela gráfica "El cáncer de mamá", de Brian Fies, publicada en España en 2020 por SaludArte Ediciones.

Desde esa perspectiva, la primera patografía gráfica que encontramos es la obra Little Sammy Sneeze, de Windsor McCay, publicada por entregas autoconclusivas en el periódico New York Herald entre el 26 de julio de 1904 y el 9 de diciembre de 1906.   

Se trata de una obra humorística, planteada desde la hipérbole, que muestra la forma en que una simple rinitis puede distorsionar la vida relacional de quien la padece: las planchas presentan diversas situaciones en las que el protagonista estornuda de forma imprevista e inevitable, dando con ello lugar a situaciones cómicas. En la cabecera, junto al título genérico de la obra, siempre aparecían las siguientes frases: "He just simply couldn't stop it" ("Él no podía evitarlo"), y "He never knew when it was coming" ("Él nunca sabía cuando le iba a ocurrir"), dos afirmaciones, referidas a los estornudos, con las que se pueden identificar muchas personas con rinitis alérgica.


 





 

 

viernes, 12 de junio de 2020

Los columpios precintados


La visión de los parques infantiles rodeados por una cinta de precinto policial ha sido una imagen constante durante el estado de alarma por la crisis sanitaria causada por la Covid-19. Los hemos visto así, con el acceso vetado (no restringido, sino directamente prohibido), durante los meses del confinamiento.

La llamada "desescalada" (término que utilizamos para referirnos a la progresiva relajación de las medidas de aislamiento social, y que no está contemplado todavía en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española pero con el que nos hemos familiarizado todos en las últimas semanas) sigue su curso, y en la actualidad (escribimos esta entrada en fecha 11 de junio de 2020) más de media España se encuentra ya en Fase 3.

En esta fase, podemos acudir ya a los gimnasios, a los restaurantes (incluso en interiores), podemos viajar entre provincias y podemos hacer uso de las zonas comunes de los centros comerciales.

Sin embargo, los parques infantiles siguen precintados. Muy probablemente, el retraso de la posibilidad de acceso a estos espacios recreativos guarde relación con la dificultad de evitar la interacción física directa entre sus pequeños usuarios (con el posible intercambio, casi inevitable, de saliva y mocos entre los de más corta edad), y con la dificultad desinfectar de forma continua el mobiliario urbano que contienen después de su uso, pero no por ello resultará menos desconcertante para cualquier observador la paradoja de ver cómo a los adultos se les permiten ya actividades diversas de esparcimiento y diversión mientras que los niños tienen, todavía, vedado el acceso a sus propios espacios de ocio.

Jaume Capdevila i Herrero (Kap) ha plasmado con acierto esa perplejidad en esta viñeta, publicada en La Vanguardia, que muestra la consternación de una niña que reflexiona frente al columpio bloqueado, apenas a un metro de distancia de un grupo de adultos que disfrutan, sin aparentes limitaciones, de su reunión en una terraza adyacente:

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El mismo autor, en otra viñeta, refleja otra contradicción que también afecta a los niños: la recuperación (planificada, minuciosa) de la actividad futbolística antes, incluso, de que se haya clarificado cuál va a ser la forma en que se retomará, el próximo curso, la docencia en las escuelas (hoy mismo hemos sabido que todavía no se ha logrado consenso entre el Gobierno y todas las Comunidades Autónomas y que no ha podido aprobarse, todavía, un protocolo de seguridad conjunto):

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La misma contradicción, y con igual agudeza, plasmó Puebla en su viñeta publicada el 4 de junio en el diario ABC:
















Tal vez entre las prioridades que han condicionado las decisiones (difíciles, sin duda) que ha sido necesario tomar en esta crisis no siempre ha gozado de la consideración que debería merecer el bienestar de los más vulnerables.

Suele decirse, con relativa frecuencia, que saldremos de esta crisis  fortalecidos, mejores. Tal vez, con suerte, saldremos, al menos, conscientes de nuestras limitaciones.


martes, 9 de junio de 2020

El psicólogo clínico como profesional sanitario y la pandemia de Covid-19.

Las consecuencias de la pandemia de Covid-19 en nuestro país, al igual que en el resto, han resultado devastadoras para muchas personas. Es un hecho que ahora que la incidencia y prevalencia de la enfermedad son significativamente inferiores (lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que el virus haya desaparecido), y que las medidas excepcionales adoptadas están relajándose de forma progresiva y asimétrica en las diferentes zonas geográficas, están empezando a aflorar síntomas psicológicos relacionados con la situación tan traumática que hemos vivido, especialmente en forma de trastornos de ansiedad y depresiones, a veces graves.

No es raro que, una vez que las personas que han atravesado una situación altamente estresante se ven fuera de la misma, o la presión afloja, sea cuando afloran las consecuencias psicológicas de la misma, que habían estado latentes (postergadas) mientras el sujeto estaba luchando por sobreponerse a las circunstancias externas. Puede ocurrir que cuando esas circunstancias externas dejan de ser tan acuciantes sea cuando se haga evidente la afectación del estado de ánimo.

Miki y Duarte lo recogen hoy en su viñeta publicada en Diario de Sevilla, con el título "Otros efectos de la pandemia":












Nos ha gustado especialmente la metáfora visual de presentar al psicólogo dentro de lo que parece un dispensador de gel hidroalcohólico.

Esa metáfora tiene más de una posible interpretación.

Una interpretación posible nos presenta al psicólogo intentando ofrecer argumentos contra el miedo ajeno cuando el suyo propio le obliga a buscar medidas excepcionales para protegerse.

Otra interpretación podría presentar al psicólogo como un recurso valioso en la lucha contra la pandemia. En España, el psicólogo clínico tiene consideración de profesional sanitario desde la entrda en vigor de la Ley General de Salud Pública, que data del año 2011. Como profesionales sanitarios que son, podemos entender que tienen una función fundamental en ayudar a paliar esos efectos psicológicos, a veces dramáticos, de las situaciones vividas. Pero también, como el resto de profesionales sanitarios, tienen una función irrenunciable en ayudar a concienciar de que el virus no ha sido erradicado, y que la responsabilidad individual de todos y cada uno de nosotros será decisiva para continuar limitando, en el futuro inmediato, la transmisión de la enfermedad entre nosotros.

El psicólogo como profesional sanitario, y el profesional sanitario como un elemento fundamental, todavía hoy, en la lucha contra la pandemia: de ahí la idea de vincularlo a un dispensador de gel hidroalcohólico.

Quizás la interpretación más fácil, y más intuitiva, sea la primera.

A nosotros también nos gusta la segunda.