domingo, 7 de agosto de 2011

Bore-out


De vez en cuando, encontramos chistes gráficos que son significativamente parecidos entre sí: dos (o más) autores abordan un mismo tema, y lo hacen con un enfoque tan similar que uno puede creer que está leyendo diferentes versiones gráficas de un mismo chiste. Es lo que nos gusta llamar chistes redundantes, y nos resultan especialmente interesantes desde el punto de vista del objetivo de este blog, porque estamos convencidos de que no se trata de plagios (en ocasiones, aparecen de forma simultánea en distintos periódicos, prácticamente en la misma fecha, o procedentes de localizaciones geográficas tan distantes que no parece probable que uno de los autores haya podido verse influido por el trabajo del otro), sino de una misma interpretación de los mismos hechos: nos parecen una prueba evidente de que los chistes gráficos de la prensa periódica, aún siendo fruto de una ocurrencia individual, son reflejo de un sentir colectivo.

Trabajando en nuestra entrada inmediatamente anterior, la cual versaba sobre las paramnesias, hemos encontrado varios chistes en los que los personajes referían experimentar una sensación de déjà vu cuando ejercían su trabajo: una forma evidente de destacar el carácter monótono, repetitivo y aburrido de las tareas que dichos personajes llevaban a cabo.

De entre ellos, destacamos como muestra los dos siguientes (el primero, de David Brasfield, humorista norteamericano que con frecuencia firma como Brass; el segundo, del humorista argentino Alejo, aparecido en su blog “Te lo digo con humor” el 12 de febrero de 2009):








































Los llamados factores de riesgo psicosocial en el trabajo se definen como las interacciones entre el trabajo, su medio ambiente y las condiciones de su organización, por una parte, y por otra, las capacidades del trabajador, sus necesidades, su cultura y su situación personal fuera del trabajo, todo lo cual, a través de percepciones y experiencias, puede influir en la salud y en el rendimiento y/o la satisfacción en el trabajo. Los factores de riesgo de tipo psicosocial existen de forma objetiva, no dependen de interpretaciones o valoraciones subjetivas, forman parte de las condiciones de trabajo y deben ser tenidos en cuenta en la evaluación integral de los riesgos laborales de la empresa, pues existe evidencia de que pueden influir (a veces, de forma importante) sobre la salud de los trabajadores.

Algunos autores llaman la atención sobre el hecho de que, precisamente, los trabajos excesivamente tediosos y carentes por completo de estímulos intelectuales pueden constituirse en factores de riesgo por sí mismos: el trabajador se aburre, se desinteresa por lo que está haciendo, tiene la percepción de que no es necesario concentrarse en demasía para ejecutar las tareas, y ello puede conllevar una pérdida de atención que propicie los accidentes o, como mínimo, una falta de satisfacción personal que repercuta negativamente sobre su autoestima o sobre su rendimiento en el trabajo. Es el fenómeno que recibe el nombre de “bore-out” (por contraposición a burnout, del cual hablaremos en otra entrada posterior), y Jack Corbett lo plasma de forma muy acertada utilizando para ello un grupo de hormigas:
















Además de lo mencionado, el estrés, el acoso laboral, la nocturnidad... todas esas circunstancias constituyen factores susceptibles de incidir sobre la salud de los trabajadores, su satisfacción o su rendimiento. Como puede deducirse, los factores de riesgo psicosocial son múltiples y muy variados. Aprovecharemos, entonces, algunas entradas posteriores para conocerlos mejor.

sábado, 30 de julio de 2011

Las teorías sobre el "déjà vu"


La sensación que recibe el nombre de “déjà vu” (paramnesia) se conoce desde hace mucho tiempo (San Agustín hablaba, por ejemplo, de “la falsa memoria”), si bien no se llamó de esa forma hasta que el filósofo francés Émile Boirac (también conocido por sus investigaciones en parapsicología) empezó a denominarla con esa expresión en las últimas décadas del siglo XIX. Es un fenómeno, como decíamos en nuestra entrada anterior, muy común: dependiendo del estudio de que se trate, podemos encontrar que se menciona que entre un 30% y un 96% de la población general refiere haberlo experimentado en alguna ocasión.

No conocemos sus causas, aunque se ha especulado mucho al respecto. Como puede suponerse, hay múltiples teorías místicas y fantasiosas al respecto: quienes creen en la reencarnación, por ejemplo, defienden que el fenómeno de déjà vu es la prueba de que nadie está en el mundo por primera vez, de que todos hemos tenido alguna vida anterior (sería, entonces, algo así como lo que le ocurre a Derek, el protagonista de este chiste de Mark Parisi aparecido en su blog Off the Mark el 14 de agosto de 2003):























Pero esas, por supuesto, no son teorías científicas.

Desde el punto de vista científico, una de las teorías más aceptadas durante años lo relacionaba con el procesamiento de la información visual: se argumentaba que la información de un ojo podría llegar a uno de los dos hemisferios cerebrales con un poco de adelanto, procesándose como si se tratase de memoria cuando se comunicaba al segundo hemisferio (como un recuerdo impreciso, imposible de delimitar o identificar con claridad): esa pequeña diferencia de tiempo en la llegada de la información al cerebro por dos vías diferentes sería lo que daría lugar a la sensación de reconocimiento de algo que se experimenta por vez primera. Resulta evidente que es a esta teoría a la que se refiere el chiste titulado Carrusel que Alberto Montt incluyó en su blog Dosis Diarias el 14 de diciembre de 2007:

















Sin embargo, existen evidencias que se oponen a la teoría descrita, como es el hecho de que las personas ciegas también pueden experimentar este fenómeno, que se desencadenaría, en ellos, por olores o sonidos.

Hoy pensamos, más bien, que se trata de una consecuencia de la activación anómala (lo cual no quiere decir patológica, pues, como hemos visto, ocurre con frecuencia en las personas sanas) del lóbulo temporal del cerebro, y ese sería el motivo por el cual es más frecuente en las personas que experimentan epilepsia temporal. Al fin y al cabo, la epilepsia es precisamente la consecuencia de una activación anómala de alguna región cerebral, y sus manifestaciones clínicas (que pueden ser tremendamente variadas) dependen de la región concreta que se activa.

Puede deducirse que las pruebas de imagen, que en la actualidad tienen potencia suficiente como para detectar las áreas del cerebro que se activan en cada proceso mental (podemos conocer cuáles son las regiones cerebrales que se activan cuando una persona intenta recordar algo remoto, cuando resuelve problemas de cálculo, cuando experimenta alegría o tristeza, ...), podrán proporcionar información relevante al respecto. Y es cierto, tenemos esperanzas en esa posibilidad. El problema, y la causa por la que aún no disponemos de ese conocimiento, es que la sensación de déjà vu no puede provocarse a voluntad: aparece ocasionalmente, cuando uno menos se lo espera. Topamos, entonces, con una especie de círculo vicioso: precisamente porque no sabemos qué es lo que produce el fenómeno (y no podemos, por tanto, provocarlo intencionadamente en un experimento), resulta difícil seguir avanzando en el conocimiento de sus causas.

domingo, 17 de julio de 2011

Déjà vu.


No todos los días se encuentra uno con un chiste que incluya la descripción precisa de un fenómeno clínico, pero ese es el caso del chiste de Vergara que apareció en Público el pasado 29 de junio:










Para bromear acerca de sus escasas expectativas respecto al Debate sobre el Estado de la Nación de este año 2011 (a punto, entonces, de celebrarse), Vergara recupera el concepto de déjà vu, que, es, en efecto, una expresión francesa (cuyo significado literal es “ya visto”) utilizada en clínica para referirse una alteración de la memoria (también llamada paramnesia) consistente en la sensación de recordar situaciones que nunca se han vivido antes, es decir, es la sensación de haber estado antes en una situación que, sin embargo, en realidad está ocurriendo por vez primera. Como si, al ver un debate televisado en directo (que es a lo que se refería el humorista) tuviésemos la sensación de que se trata una retransmisión en diferido, porque no aporta nada sobre lo que ya habíamos visto en otras ocasiones.

O como si, al leer un titular de la prensa, tuviésemos la sensación de que ya lo habíamos leído. Stahler, el 6 de junio de 2008, jugaba en The Columbus Dispatch con esta sensación para plasmar la sensación angustiosa de ser testigo de cómo los precios de la gasolina suben y suben... sin techo aparente:


















También Mark Parisi, en su página Off the mark.com, usó el concepto con inteligencia en un chiste de 2004 que, si bien a diferencia del de Vergara no incluye la descripción del fenómeno, sí lo plasma a la perfección con una escena doméstica:






















La presentación ocasional de este trastorno no tiene significación patológica: prácticamente todos, sanos o enfermos, hemos experimentado en alguna ocasión la falsa sensación de haber estado antes en un sitio concreto, de conocer ya a alguien a quien no hemos visto nunca, de haber hecho en el pasado algo que, en realidad, hacemos por primera vez. Se dice, no obstante, que este fenómeno es más frecuente en determinados síndromes clínicos, como la esquizofrenia y la epilepsia temporal, en los cuales se alteran determinados circuitos neuronales.

Son muchos los autores que han dibujado chistes sobre este concepto, pero la mayoría de ellos se basan en el recurso de presentar situaciones en las que los personajes experimentan la sensación (incómoda, a veces) de haber estado allí ya antes. A veces, lo consiguen con un simple dibujo, sin necesidad de diálogos, como estos ejemplos de Paul Kinsella y de Dave Carpenter:













































Otras veces, como en el caso del chiste con el que queremos cerrar esta entrada, basan su gracia precisamente en el diálogo. Se trata de una historieta breve, titulada Health Care Déjà vu (que ni siquiera está firmada) ofrecida como recurso gratuito en la página web de la Canadian Interprofessional Health Collaborative (CIHC), cuyo autor o autora ha cedido los derechos a la misma (hemos solicitado a la CIHC la identidad del autor, pero en su respuesta nos invitan a atribuir el chiste a la propia institución):




















Describiremos inicialmente la secuencia para después comentarla: el profesional que recibe a la usuaria de un servicio o centro sanitario le pregunta algo así como: “Cuénteme, ¿qué le ocurre?” (obviamente, la traducción no es literal, pero es que la traducción literal suena un poco ridícula en nuestro idioma); el médico que le va a atender, le pregunta exactamente lo mismo; la persona encargada de hacer las pruebas o exploraciones diagnósticas que se le han pedido formula de nuevo la misma pregunta: “Cuénteme, ¿qué le ocurre?”. Y, finalmente, mientras la fisioterapeuta inicia el tratamiento prescrito, vuelve a preguntarle: “Cuénteme, ¿qué le ocurre?”. La paciente, perpleja, se interroga a sí misma: “¡¿Pero es que estas personas nunca hablan unos con otros?!”.

Es obvio que este chiste incluye una crítica bastante explícita a la comunicación (que, evidentemente, considera deficiente) entre los distintos servicios sanitarios que prestan asistencia a un mismo paciente durante un mismo proceso (lo que en el argot técnico llamamos “comunicación interniveles para garantizar la continuidad asistencial”). Sin duda, en muchos casos esa comunicación es susceptible de mejorar. Sin embargo, cada profesional sanitario conoce mejor que nadie las peculiaridades de la asistencia que presta o del servicio que ofrece, por lo que, aún cuando se le haya proporcionado información previa, no es censurable (sino todo lo contrario) que quiera recabar información de primera mano, directamente del paciente, pues pueden existir datos importantes para su parcela asistencial que otros profesionales bienintencionados han considerado irrelevantes o al menos no tan importantes como para incluirlos en la información que le han hecho llegar. Por ello, este tipo de déjà vu (el hecho de que un paciente tenga la sensación de que los distintos profesionales sanitarios que intervienen en su asistencia le preguntan reiteradamente sobre su problema de salud) no sólo no es patológico, sino que, a nuestro juicio, resulta sanísimo.